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El servicio de SCOAN del pasado domingo 29 de noviembre del 2015, presenció una demostración del poder, de la gloria y de la gracia de Dios. La oración, la alabanza dirigida por el coro preparó la atmósfera para que la Palabra calase hondo en los corazones hambrientos y sedientos de justicia.

EL EVANGELISTA DANIEL

EL EVANGELISTA DANIEL

En su mensaje titulado PREPARADO PARA RECIBIR EL FAVOR DE DIOS, el evangelista Daniel llamó la atención sobre el hecho de que las bendiciones de Dios no son necesariamente una recompensa basada en los cálculos de los hombres, sino en su gracia:

«Como cristianos, es para nosotros esencial ser conscientes de que el favor que Dios nos dispensa no suele estar directamente relacionado con nuestra agudeza mental, inteligencia, elocuencia, fuerza o capacidad de trabajo, sino con Su gracia, porque Dios elige la gracia por encima de las obras. De este modo, Dios puede decidir favorecer a un joven pastor rústico, sin cultura, experiencia, ni habilidades sociales, y llevarlo al palacio para Su gloria».

 Continuó aconsejando a los cristianos cómo colocarse en la posición más adecuada para recibir el favor de Dios, y que era en Su Palabra dónde debían buscar dirección e iluminación.

TESTIMONIOS

UN HERMOSO Y SALUDABLE VARÓN ACABA CON LA INFERTILIDAD

El matrimonio del señor y la señora Ameh había venido enfrentándose al dolor de la esterilidad durante siete largos años. Durante este tiempo visitaron muchos hospitales sin conseguir ningún resultado, y tras el examen de muchos facultativos, su problema quedó diagnosticado como infertilidad por causa desconocida. Durante la lucha que mantuvieron contra la esterilidad, la señora Ameh tuvo pesadillas recurrentes en las que alguien la perseguía. Descubrieron Emmanuel TV, y una noche, en lugar de pesadillas, soñó con que aquel hombre de Dios, el Profeta T.B. Joshua, oraba por ella, lo que interpretó como una señal del Cielo. Su marido y ella acudieron a La SCOAN y ocuparon la Línea de Oración para pedir la intervención de Dios y se les ministró el Agua de la Mañana, lo que los marcaba para recibir el favor de Dios.

SEÑOR Y SEÑORA JAMES AMEH BAR

EL SEÑOR Y LA SEÑORA JAMES AMEH BAR

Volvieron a casa, oraron juntos, se unieron como marido y mujer y siguieron ministrándose el Agua de la Mañana. La señora Ameh estaba convencida de que llegaría un día en el que podría dar testimonio de la gloria de Dios, de que Él es la gloria, y tras unas semanas, quedó encinta. Su embarazo resultó algo confuso para algunas personas que atribuían su aumento de peso a la gordura, pero el nacimiento de un hermoso y sano varón las hizo callar, convenciéndolas de que los Ameh sirven a un Dios vivo.

El señor Ameh refirió que se sentía fatal por no poder tener hijos, pero que después de haber sido padre, se había sentido muy feliz y consciente de que no todos los problemas que padecemos son de origen natural, sino consecuencia de una batalla espiritual. Con una sonrisa nacida de su victoria, dijo que Dios los había tomado de la mano porque ellos habían puesto su confianza en Él. La señora Ameh declaró que solo Dios podía disponerlo así, y que oraba porque el mismo Dios que los había asistido a ellos interviniera también por aquellas personas que se enfrentasen a una situación similar a la suya, en el nombre de Jesús.

UN NUEVO AMANECER EN DINAMARCA. SE ACABÓ MOJAR LA CAMA

A pesar de que vivir en Europa era un avance para el señor Amadi, no lograba borrar el terrible estigma que le llevaba angustiando durante demasiado tiempo ya. Desde sus días de secundaria en Nigeria, cargaba con el yugo de su eneuresis. El problema era para él como una espina clavada, hasta el punto de que le hacía recluirse en su casa para evitar que quienes le rodeaban conocieran su problema.

Cambió Nigeria por Dinamarca, y ni siquiera allí, tras consultar con los más reputados especialistas, consiguió solucionarlo. Tiempo después, el señor Amadi se casó, pero la vergüenza que le hacía sentir su situación le impidió hablar de ello con su mujer, y ocultaba el problema envolviéndose en una toalla y rodeándose de otros materiales absorbentes con el fin de que la orina se desapareciera de inmediato.

SEÑOR DAVID AMADI

EL SEÑOR DAVID AMADI

Siguió padeciendo durante varios años, hasta que la madre de su mujer acudió a La SCOAN y le llevó el Agua de la Mañana. Tras ver la retransmisión de Emmanuel TV, la fe del señor Amadi comenzó a crecer, y con devoción empezó a utilizar el Agua de la Mañana que había recibido de manos de su suegra. El señor Amadi era en aquella época un fumador empedernido, una adicción de la que era incapaz de salir. Cuál fue su sorpresa que, después de poco más o menos un mes, se dio cuenta de que, además de haber superado su eneuresis, ya no sentía la necesidad de fumar y que se había liberado también de aquella terrible adicción. Ya no necesitaba utilizar toallas en las que envolverse antes de irse a la cama, y podía dormir sin temor. En la actualidad, puede moverse libremente, como nunca había podido hacer, libre del miedo de avergonzarse mojando la cama, un temor que lo tenía prisionero. El señor Amadi le dio las gracias a Dios por aquella liberación y a partir de entonces ha animado a la gente de todo el mundo a considerar a Dios como la única y la mejor solución para cualquier problema.

LA INFERTILIDAD QUE HACE SALTAR DE LA SARTÉN AL FUEGO

«Lo siento, señor, pero es la verdad».

Victor Igboderika no podía creerse lo que estaba leyendo. Aquello tenía que ser un error del médico, de las pruebas. Pero no. Le confirmaron que no solo tenía un recuento de espermatozoides bajo, sino que además su semen carecía por completo de células activas. Para colmo de males, acababa de pedir en matrimonio a su novia, y ella había aceptado, de modo que le quedaba por delante la angustiosa tarea de darle la noticia, con el miedo consiguiente a que le abandonara. Su sorpresa fue mayúscula cuando ella ni siquiera pestañeó al conocer su situación, y se limitó a decirle que el resultado de todas esas pruebas no le importaba, y que nada era imposible a manos de Dios. El matrimonio siguió adelante y así comenzó una batalla de seis años contra la infertilidad.

Un amigo les habló de La SCOAN y decidieron acudir en diciembre de 2014. Oraron junto al hombre de Dios, el profeta T.B. Joshua, en la Línea de Oración, y el señor Igboderike recordaría nítidamente cómo un objeto pesado descendió por su pecho hasta el estómago y después de la oración se desvaneció. Curiosamente, su esposa relató haber sentido lo mismo que él. Antes de abandonar el templo, recibieron el Agua de la Mañana, se la ministraron y volvieron a casa llevándosela consigo.

SEÑOR Y SEÑORA VICTOR IGBODERIKA

EL SEÑOR Y LA SEÑORA VICTOR IGBODERIKA

En menos de dos semanas, la señora Igboderika había quedado encinta, y al cabo de los nueve meses tuvo un hermoso y sano varón al que pusieron el nombre de David. El señor Igboderika pasó un examen médico y el recuento de espermatozoides había ascendido a 18 millones por mililitro, en lugar del cero que había arrojado el recuento anterior.

La alegría que experimentó su esposa con aquel primer hijo fue indescriptible, tanto que llegó a declarar que, con la gracia de Dios, no sería el último. El embarazo había transcurrido sin sobresaltos: ni fiebre, ni dolores, ni problemas de ninguna clase. Incluso el día del parto comentó «he dado a luz como las mujeres hebreas: ni siquiera sabía que me había puesto de parto». Sin duda, el Agua de la Mañana les había recuperado. Un sabio consejo de la radiante pareja dirigido a las parejas que quieren ser padres sirve como colofón: «Da igual lo mala que pueda parecer una situación. Deben confiar en que Dios siempre tiene algo que decir en nuestras vidas».

 EL ESPÍRITU QUE LA LLEVÓ A LA CÁRCEL… ¡LA SACÓ DE ELLA!

 Nacida en la India, de padres nigerianos oriundos de Imo Sate, y criada en Londres desde que tenía un año, Jennifer había caído en las garras de Satán. La mayoría de sus problemas comenzaron cuando acababa de cumplir los doce años y se integró en un grupo de amigos perniciosos que la enseñaron a robar en las tiendas y a drogarse. Algo que había empezado como un juego, pronto se reveló como la terrible adicción que era cuando la voz del espíritu maligno que habitaba en su cabeza continuó empujándola a robar ropas, bolsos, perfumes e incluso a traficar con drogas. La separación de sus padres la afectó emocionalmente, y siguió enterrándose en su desbocado estilo de vida. Llegó a odiar a su madre, una mujer trabajadora y estricta que intentó por todos los medios inculcarle algo de disciplina, pero la influencia de aquellos malos amigos ya había causado un daño irreparable, y Jennifer acabó escapándose de casa. Sintiéndose libre y pensando que era ya una mujer adulta, siguió con su vida de juergas, borracheras, fumar, robar, drogarse e incluso traficar, de modo que no tardó en saborear la parte amarga de la libertad que con tanto ahínco había buscado cuando acabó convertida en un traficante de drogas.

Con dieciséis años tuvo a su primer hijo, y con diecisiete, al segundo. Siguiendo los dictados del espíritu maligno llegó a hacerse tres tatuajes, que los demonios utilizaban para monitorizar sus movimientos. Poco después, los padres de sus dos hijos desaparecieron, y ella siguió adelante con su carrera desbocada. Cuando menos lo esperaba, recibió una carta del padre de uno de sus hijos en la que le decía que estaba en la cárcel, y le pedía ayuda. Fue a visitarlo a prisión, y durante la visita le pidió un favor. Dado que era el padre de su hijo, accedió. Tenía que encontrarse con un hombre en la estación del tren y recoger un paquete que contenía drogas y que luego debía llevarle a la cárcel.

Durante otra de sus visitas reparó en que quienes llevaban niños no eran cacheados, así que decidió llevar a sus hijos para la siguiente. Aunque logró pasarle las drogas sin que la pillaran, la seguridad de la cárcel las detectó, siguió el rastro hasta ella y la detuvieron. Le quitaron a sus hijos, que quedaron primero bajo custodia de los servicios sociales y que después le fueron entregados a su madre. Tras unos procedimientos legales que se dilataron doce meses, fue sentenciada a dos años de prision, después de que se demostrara que había llevado a cabo treinta y siete robos en distintas tiendas. Cuando llevaba siete meses encerrada, supo que también a su madre le habían quitado a los niños y que habían vuelto a la custodia de los servicios sociales.

Cuando por fin fue puesta en libertad, quedó alojada fuera de Londres con el fin de separarla de sus antiguos amigos, pero aún seguía bajo el influjo de aquella voz del mal que le decía que volviera a sus malos hábitos. Cuando su madre le pidió que la acompañase a Nigeria para que La SCOAN la liberase, Jennifer aceptó de mala gana, aun pensando que iba a ser la oportunidad de disfrutar de unas vacaciones. En cuanto cruzó el umbral del edificio de La SCOAN, experimentó un insoportable dolor de cabeza: era el espíritu maligno, que no quería que la liberaran de sus garras.

Cuando llegó el momento de que le fuera ministrada el Agua de la Mañana, las piernas empezaron a temblarle, y cuando por fin le fue ministrada, temió que la cabeza le explotase. Por primera vez, oró:

Señor, he venido aquí desde Londres, y no puedo volver con este problema. ¡Te lo ruego, libérame!

El momento anhelado llegó, y el espíritu que la había llevado a la cárcel quedó expuesto y fue expulsado para siempre. Sonriendo ante la congregación y los espectadores de Emmanuel TV, declaró que la primera sensación que tuvo fue de ligereza. La segunda fue un amor enorme hacia su madre, la misma mujer a la que odiaba e insultaba antes. Ahora, todas las mañanas lee la Biblia, y la voz del mal que antes se alojaba en su corazón es agua pasada. Tras su liberación, tuvo un sueño en el que unas horribles criaturas intentaban arrojarla a un hondo pozo. Ya casi caía por él cuando un mano desconocida la sacó de allí. Jennifer ha declarado ser, tras su liberación, una persona totalmente nueva.

JENNIFER UNICHI Y SU MADRE

JENNIFER UNICHI Y SU MADRE

Olvidados ya su hábito de fumar, beber y drogarse, Jennifer está convencida, y así se lo dice al mundo, que el Agua de la Mañana es la última solución. Su madre, desbordante de felicidad por la liberación de una hija que solo acudía a ella para pedirle dinero, le da las gracias a Dios por haber enviado la respuesta a sus plegarias.

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