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special-message-01Es importante recordar que somos miembros de una familia; la familia de Dios. Consecuentemente, para una ocasión como esta, Dios debería ser el invitado.

Mi pueblo, estamos aquí por nuestros seres amados quienes se durmieron en el regazo del Señor. Nuestro Dios, fiel y verdadero, los traerá con Jesús, la Roca firme en la que puedes apoyarte incluso cuando los vientos del dolor soplan a nuestro alrededor.

Como Cristianos, ha llegado el momento en que necesitamos decir adiós y entonar una oración por nuestros hermanos fallecidos. Es apropiado y noble por parte de los Cristianos reunirse, orar y decir «requiéscat in pace», es decir, que las almas de sus seres queridos «descansen en paz».

Ha transcurrido un año desde que nuestros amados hermanos y hermanas se durmieron en el Señor. Para aquellos a los que se les dificulta dejarlos ir, debemos darnos cuenta de que su muerte es una llamada ineludible; una llamada desde nuestro hogar Celestial que ninguno puede desobedecer.

Todos sabemos claramente que no se trata de la edad, el estatus, el ser rico o pobre, o incluso de la naturaleza de la muerte; como les sucedió a nuestros antecesores, incluyendo a los Apóstoles, que pagaron el precio supremo por traernos el Evangelio. Algunos fueron decapitados a temprana edad, otros fueron lapidados en el transcurso del Evangelio y otros fueron crucificados de cabeza, sin mencionar aquellos que fueron arrojados al aceite hirviendo.

Para aquellos que no pudieron encontrar o tocar el cuerpo de quienes están descansando en el regazo del Señor, debemos entender que tales ejemplos abundan en la Biblia entre los Generales de Dios.

Si no has dicho adiós en el nombre de Jesús, ahora es tu tiempo de gracia para hacerlo. Podrías escribir una carta para tu ser querido que descansa en el Señor. Expresa tu mente acerca de lo bueno y de lo malo. Siéntete libre de hacer lo que desees con la carta. Lee y sella la carta. Puedes decidir compartirla con la autoridad de tu iglesia o pastor, y hacer con la carta como el Espíritu de Dios te dirija. Una vez que hayas hecho esto, deja el resto para el futuro con la esperanza de que Dios sostiene nuestro futuro.

Mi pueblo, ningún mortal o demonio puede prevalecer sobre el plan de Dios para tu vida. Como Cristiano, una vez que entiendes y crees esto, encuentras libertad. Liberémonos de este acontecimiento, pues es la voluntad de Dios la cual es inmutable. Cuando es la voluntad de Dios, sucede conforme a Su voluntad. Si alguien guarda ofensa, no puede permanecer en la voluntad de Dios. No guardemos ofensa, ya que esto produce más fruto de pecado como amargura, ira y resentimiento, lo cual es el propósito y la voluntad del diablo.

En varias ocasiones, muchos de nosotros hemos sido víctimas del maltrato en manos de hombres y mujeres perversos. Honestamente, es posible que se te haya tratado injustamente y ofendido, pero cuando das lugar a cualquier ofensa satisfaces el propósito de tu enemigo, por lo tanto, te alejas de la voluntad de Dios. Cuando liberas tu mente y dejas de guardar ofensa, te mantienes y permaneces en el curso de la voluntad de Dios. Por otro lado, si continúas guardando ofensa, te conviertes automáticamente en una víctima y prisionero del enemigo, cumpliendo así su propósito y voluntad.

Recuerda que nada puede venir contra nosotros sin el conocimiento y la aprobación de Dios. Enfrentemos el hecho de que si el diablo, quien nos odia con pasión, pudiera salirse con la suya, no dudaría en destruirnos a su voluntad. Deben mantener dicha exhortación.

No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir (1 Corintios 10:13).

No te ofendas ni retengas ninguna ofensa; es el arma para resistir al diablo. Recuerda el mensaje de la Cruz: «Padre, perdónalos» dijo Jesús. Este mensaje de perdón apunta hacia el futuro y a no mirar atrás.

Finalmente hermanos, no los dejaré sin antes declarar esta simple conclusión: ¿Por qué estamos apresurados? ¿Acaso podremos llegar al final de este camino sin el conocimiento y la aprobación de Dios?

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